Los seres humanos son algo más que animales. Su dignidad tiene que ver con el derecho a vivir de acuerdo con una conciencia cívica. Cuando un poder injusto le niega su condición de ciudadanía, entra en la lógica de la dignidad humana la decisión de renunciar también a sus necesidades animales. Para vivir no basta con comer. La huelga de hambre de Aminetu Haidar es un testimonio de la dignidad humana.
Es imposible asistir a su muerte con tranquilidad, ni siquiera en nombre de la dignidad humana. La conciencia cívica llama a la conciencia cívica, la interpela, pide soluciones. Cuando éstas resultan imposibles, el vacío exige al menos un compromiso de rabiosa sinceridad intelectual. La conciencia laica, que sólo considera sagrada la vida de un ser humano, necesita decírselo todo ante el testimonio de la muerte, por digna que sea.
Yo necesito decirme una vez más que la vergonzosa situación del pueblo saharaui es responsabilidad del patriotismo hueco de la dictadura franquista y del cinismo, bien relleno de intereses comerciales, de la democracia occidental. Detrás de los patrióticos emblemas del imperio y el caudillo, la España de Franco era un país ridículo, sin capacidad para marcar los pasos de una descolonización sensata y humanamente digna en el Sáhara. ¿No es éste un asunto de Memoria Histórica?





